Jueves, 05 Julio 2018 11:39

Fernando Estrada alegò contra Lafuente mostrando las realidades y la lògica-Le faltò decir que la Jueza viviò en un mundo de soberbia que la terminò de diluir-Inevitable destituciòn- Destacado

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El Procurador Fernado Estrada, no dejò dudas respecto a la realidad que existiò en el Juzgado de Familia n 2 de Villa Mercedes, donde una persona que no debiò ser Jueza, no tenìa ni la edad ni la formaciòn para serlo, creyò que con esa ventaja podìa tener impunidad en el cargo para hacer y deshacer a su antojo porque alguien la protegiò para llegar.

Lafuente, creyò en su soberbia, que incluyò  a sus propios colegas, confundiò autoridad con autoritarismo y eso la llevò a enfrentarse con todos, incluidos varios Secretarios que la tuvieron que padecer,

Estrada mostrò realidades, que por supuesto incluyeron una acusaciòn que raya lo delictual y que la justicia oportunamente deberà investigar, pero que van a surgir consecuentemente de llegarse a una destituciòn, que pareciera va a ser inevitable.

Estrada no tuvo medias tintas y ordenó sus alegatos de acuerdo a cada una de las acusaciones que formuló.

El abuso de autoridad en tres hechos, que le dieron credibilidad a la acusaciòn: el caso del comisario Cobos y el de las dos secretarias del juzgado, Reyero y Yacanto.

Estrada también aseveró que hubo acoso laboral por parte de Lafuente. “Hubo testimonios muy fuertes, las secretarias del Juzgado de la acusada se ganaban el pan con lágrimas de sus ojos”, haciendo una analogía con la cita bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente” y que no fue un caso aislado, que era continua la presión y la delegación de funciones, como así también en algunos casos, no las saludaba ni hablaba.

También dijo que ha sido comprobado otro delito, el de denegación de justicia, encontrada por ejemplo en la situación del habeas corpus interpuesto por el menor Barroso luego de que se excedieran los plazos y continuara detenido, por una cuestión de competencia entre la jueza de Instrucción y la jueza de Menores.

También el acusador hizo hincapié en la demora de Lafuente en tomar decisiones en casos de menores que se encontraban en grave riesgo. Y citó los casos de un menor abusado en el sur provincial, el de uno de ocho meses de vida que necesitaba un trasplante de médula y el de una menor abusada por su propia madre.

En cuanto a la ineptitud o negligencia en el cumplimiento de sus funciones, para el Procurador quedó demostrado con el hecho de que las resoluciones, autos interlocutorios y sentencias no solo no eran realizados por la magistrada, sino por los secretarios, sino que además su aporte se limitaba a corregirlas en sus aspectos gramaticales u ortográficos.

Sobre este aspecto también planteó que Lafuente incurrió en el incumplimiento de los deberes y obligaciones inherentes a su cargo, diciendo que “donde hay delegación hay corrupción” y que la magistrada delegaba en los secretarios del Juzgado obligaciones que le eran propias.

“Era tan escandalosa la delegación que hacía, que las secretarias debían presenciar las audiencias de visu para que luego hicieran las sentencias. Tenemos una juez que no hacía sentencias, que no revisaba el despacho. Era tal el desparpajo y la subversión de los valores que deben regir un juzgado que llegaba a decirles a los secretarios ‘¿qué me hiciste firmar?’; es decir que no sabía lo que firmaba, no sabía ni siquiera el criterio que seguía su propio Juzgado”, dijo Estrada.

El procurador también manifestó que surge de los testimonios que la juez en las audiencias demostraba desconocer las causas porque no leía los expedientes y que no eran casos aislados sino un patrón de conducta.

En el tramo final de sus alegatos, el procurador dijo que el resultado de lo que suceda con el juicio a Lafuente “va a definir el modelo de juez que queremos, un juez que haga sus sentencias, un juez que trate bien a sus secretarios, un juez que conozca las causas, un juez que fije audiencias conforme a la necesidad del justiciable, eso es lo que va a definir este juicio”.

Antes de concluir, Estrada dijo que estas inconductas, como las de Lafuente, hacen que la sociedad deje de confiar en la justicia, contribuyen a la anomia y al descreimiento. “Ese es el mensaje que transmitía la acusada”, rematò Fernando Estrada.

De todos modos, a Estrada le faltò decir que Lafuente gobernò un Juzgado desde una soberbia y una impunidad de altanerìa, que no se correspondìa con un Juez que justamente debiera decidir sobre cuestiones humanas, las màs delicadas como las de familia, que tal vez fue el error màs grande de Lafuente, creerse lo que no era y asì termina, presa de su propia soberbia, ya que sus elementos de defensa, no hacen màs que confirmar esa soberbia, la misma que la està llevando a una destituciòn que a èsta altura no tendrìa vuelta.

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