V. DE LA QUEBRADA: huevos bajo principios agroecológicos

V. DE LA QUEBRADA: huevos  bajo principios agroecológicos

La Eñantoha es un establecimiento familiar que está ubicado sobre la autopista 25 de Mayo, en Villa de la Quebrada. Micaela Quatrochi es el motor que lleva adelante el proyecto y es quien participa activamente en las ventas de Sol Puntano y en las Ferias de Pequeños y Medianos productores. Su trabajo tiene una base sólida, y reconocerla es tan simple como observarla trabajar, así es posible percibir el cariño con el que trata a las gallinas de las que obtiene huevos frescos, cuyo manejo se sustenta en la agroecología. Muchos los conocen  también como huevos agroecológicos de gallinas felices.

“Todo empezó en la época de la pandemia, en 2020. Como le pasó a todo el mundo, teníamos que reinventarnos para salir adelante. Ya contábamos con este campo, que por aquellos días no estábamos utilizando. Nos reunimos para hablar con la familia y decidimos emprender en esta actividad proyecto. Logramos ponerla en marcha rápido, es accesible para trabajar y se puede ir aprendiendo a través de la experiencia”, cuenta la productora.

Para dar los primeros pasos en la producción de huevos adquirieron 500 gallinas. “Ellas fueron parte de una primera tanda que criamos desde que eran chiquititas. Al principio me pasaba todas las noches acá en el campo porque cuando son pequeñas son delicadas y se pueden morir fácilmente. Así que, cual madre protectora, me instalé con ellas. Esto fue en octubre de 2020”, explica.

En marzo del año siguiente, aproximadamente, las aves empezaron a poner los primeros huevos, “una vez que arrancaron, largamos con la comercialización, pero fue de a poco. Tuvimos que salir a buscar a los clientes, teníamos que hacernos conocidos. Desde entonces la demanda fue cada vez mayor, porque los huevos tuvieron una buena aceptación y gustaron mucho”, expresa.

 Al poquito tiempo, Micaela compró una segunda tanda de gallinas para aumentar el plantel con el que trabajaba, “porque en el medio con inexperiencia y con un montón de cosas que pasaron, fueron quedando menos. Actualmente tengo entre 500 y 530, aproximadamente. Ya le agarré la mano a todos los cuidados, aprendí muchas cosas a través de investigación, preguntando y además cuento con el asesoramiento de un veterinario”, especifica.

La raza con la que trabajan en La Eñantoha son las coloradas, se denominan Lohmann brown, y son “específicamente gallinas ponedoras, a diferencia de las criollas, en esta época siguen poniendo huevos, aunque baja un poco el volumen”, reconoce la productora.

El cuidado que reciben los animales no se negocia, “todo se centra en respetar el ciclo natural de la gallina. En las grandes avícolas las tienen encerradas en jaulas y en invierno las llenan de luz y calor para que sigan poniendo huevos. Eso no es bueno para el bienestar animal. En este caso baja la postura, pero no les agregamos nada, respetamos sus tiempos de descanso y además tienen un plan sanitario. Un veterinario nos asesora, nos guía y las vacuna, esto se hace al principio, después es mantenimiento. Si una los mantiene con buena alimentación, con una buena agua, respetando sus ciclos, no hace falta hacerles refuerzos, ellas son como las personas”.

Micaela asegura que está atenta a las necesidades de las aves “en el sentido de que si hace falta desparasitar o hacer alguna maniobra preventiva en el invierno se hace, todo es para que no les agarren virus. Además nos servimos de las técnicas de la homeopatía, utilizamos flores de Bach, que les hacen muy bien. Trabajamos con distintos tipos de yuyos o de plantas que nos ayudan a reforzarles el sistema inmune”, afirma.

La alimentación de las gallinas se realiza dos veces al día, “muchas personas pueden decir que con una sola alcanza, pero para mí pueden comer varias. Viven al aire libre, las dejamos en los lotes para que busquen también bichos, piedritas o pasto. Las vamos moviendo para que tengan acceso al verdeo. Ellas necesitan piedras, chiquitas obviamente, para poder romper y poder digerir el alimento. Pastorean. Todo les llama la atención, van y pican”, cuenta, y añade: “Al alimento lo preparamos nosotros con diferentes tipos de materias primas. Se le dice balanceado porque buscamos que esté compuesto por diferentes nutrientes. No es el que se vende en el mercado, pero contiene todo lo que necesitan las gallinas para poder poner huevos básicamente, para estar saludables nutricionalmente. Si ellas no están sanas, no ponen huevos".

Dentro del predio tienen un gallinero fijo de tres por cinco metros, con una puerta para que las aves puedan salir. La zona de pastoreo es de casi dos hectáreas. “Cuando llegó la segunda tanda de gallinas, fuimos investigando y vimos que era más práctico el gallinero móvil, que es como si fuera un tráiler donde ellas duermen y ponen huevos, después se van moviendo en distintos cuadros para que siempre tengan pasto fresco”, añade, y recuerda que la época sin lluvia les complicó el trabajo: “No pudimos contar con verdeo, pero en esos momentos suplementamos con fardo. Gracias a Dios tenemos buena demanda y contamos siempre con huevos frescos disponibles”.

El fuerte de la postura es la época de primavera-verano. En invierno disminuye la cantidad, pero siguen dando. "Tengo huevos todo el año, en caso de que disminuya la producción limito más al cliente que pide al por mayor, le doy prioridad a los pequeños comerciantes”, indica.

En La Eñantoha no hacen reproducción. “Tengo gallos, pero por una cuestión de que me gustan a mí. Para renovar stock o plantel directamente compramos. La reproducción es muy difícil. Además es otro mundo completamente distinto. Entonces compramos en Buenos Aires”, dice Micaela, y añade que a estas gallinas las tiene desde  2020, y que están por cumplir tres años.

Para trazar más diferencias con los manejos industriales, la productora cuenta que en general, en las avícolas grandes, “las gallinas no duran más de un año, dejan de ser productivas y directamente las mandan a frigorífico y compran nuevas. Lo más fácil es  venderlas en grandes lotes. Nosotros las venderemos a los clientes conocidos, que muchas veces me piden, y las vamos ubicando para que puedan seguir con su vida, porque en realidad ellas todavía pueden vivir hasta dos años más, porque el promedio de vida de una gallina es entre cinco y seis años”. Quatrochi reconoce que con el tiempo las gallinas se convirtieron en “sus niñas”. “Son un amor, las adoro. Por eso también les doy tanto amor y tanto cuidado. No son un número más, ni un animal más. Son muy curiosas, al mismo tiempo te siguen por todos lados. Son como perros. Además te reconocen porque después de un tiempo de escuchar la voz, las maneras de dirigirse a ellas, te empiezan a buscar. Todo les llama la atención, entonces siempre van detrás, si te ven algo en la vestimenta que les llame la atención, van a ir y te van a picotear, se te suben encima. Son súper amigables”.